Baile de sombras.

Al Di Meola: Mediterranean Sundance

Olvidar, ella trata de olvidar. La Emperatriz Alada ha empezado a bailar bajo la mirada estoica de los ángeles de piedra, cantando una oda a tiempos por venir entre paredes subterráneas. ¿Cuántas veces lo ha hecho sin que nadie haya observado? Varias antorchas repiten el trazo de su figura delgada en el suelo, pero las sombras no obedecen a su cuerpo, se arremolinan donde posa sus pies y se dispersan al instante. Las estatuas permanecen inmóviles mientras sus contornos en las paredes empiezan a temblar, extendiendo alas negras que el fuego no comprende. Los ángeles de piedra mantienen la forma tallada mientras el mar de sombras se estremece entre brazos y alas, han despertado para acompañarla. Las sombras de cien estatuas danzan en las paredes, imitando sus movimientos en un ritual milenario que incorpora alas.

Entonces comprendo. ¿Qué otra cosa podía ser? Es el dolor que causa dibujar barcos para el cielo. Morirá antes de verlos levantarse para perseguir el horizonte, sin contemplar la geografía de los continentes desde las nubes. ¿De qué le sirve trazar formas en papel y comentar planos de construcción si nunca ascenderá sobre ellos por encima de las montañas? Una vez me dijo que todo era un problema de números. “En una dimensión consigo vida, en dos movimiento y en tres libertad; pero el número tres me ha sido negado, así que he decidido soñar con más”. Ha contado una decena y una unidad, once sombras proyecta en el suelo mientras baila, encadenada en la tierra sueña y delira con el número once. Quiere volar, las sombras lloran junto a ella porque quiere volar y tiene alas que no pueden izar vuelo, ha venido al mundo para concebir un sueño que se extiende más allá de su vida.

Dios te Salve, Emperatriz Alada.