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Computación, ciencia ficción y otras cosas.

Categoría: Ficción

Baile de sombras.

Al Di Meola: Mediterranean Sundance

Olvidar, ella trata de olvidar. La Emperatriz Alada ha empezado a bailar bajo la mirada estoica de los ángeles de piedra, cantando una oda a tiempos por venir entre paredes subterráneas. ¿Cuántas veces lo ha hecho sin que nadie haya observado? Varias antorchas repiten el trazo de su figura delgada en el suelo, pero las sombras no obedecen a su cuerpo, se arremolinan donde posa sus pies y se dispersan al instante. Las estatuas permanecen inmóviles mientras sus contornos en las paredes empiezan a temblar, extendiendo alas negras que el fuego no comprende. Los ángeles de piedra mantienen la forma tallada mientras el mar de sombras se estremece entre brazos y alas, han despertado para acompañarla. Las sombras de cien estatuas danzan en las paredes, imitando sus movimientos en un ritual milenario que incorpora alas.

Entonces comprendo. ¿Qué otra cosa podía ser? Es el dolor que causa dibujar barcos para el cielo. Morirá antes de verlos levantarse para perseguir el horizonte, sin contemplar la geografía de los continentes desde las nubes. ¿De qué le sirve trazar formas en papel y comentar planos de construcción si nunca ascenderá sobre ellos por encima de las montañas? Una vez me dijo que todo era un problema de números. “En una dimensión consigo vida, en dos movimiento y en tres libertad; pero el número tres me ha sido negado, así que he decidido soñar con más”. Ha contado una decena y una unidad, once sombras proyecta en el suelo mientras baila, encadenada en la tierra sueña y delira con el número once. Quiere volar, las sombras lloran junto a ella porque quiere volar y tiene alas que no pueden izar vuelo, ha venido al mundo para concebir un sueño que se extiende más allá de su vida.

Dios te Salve, Emperatriz Alada.

 

Nubes

He visto ángeles. Volaban alrededor de un círculo de luz, las plumas en sus alas eran caracteres de tipografía occidental. Se desprendían con el aleteo y caían suavemente desde el aire. Con el tiempo perdían sus formas y pasaban a formar una planicie blanca e infinita de nubes. Si saltabas desde el borde la gravedad se invertía, volvías flotando a ellas. La sustancia resultaba suave y cálida al tacto, la gente le daba forma con sus manos. Creaban sillas, mesas y camas, se acomodaban para vivir allí. No sé si los ángeles eran sumergidos como nosotros o si se trataba de una forma acordada por nuestro subconsciente, pero de algo no hay dudas: El soñador había creado un paraíso a su imagen y semejanza. No ví cruz alguna, nada allí recordaba sufrimiento. Era un lugar tranquilo.

Estuve un rato haciendo formas con las nubes. Traté de construir un castillo, como esos de arena en las películas. Estaba terminando las últimas torres cuando algo me golpeó en la mejilla, un niño se reía de mí. Había recogido un poco de suelo, formado una esfera con las manos y encontrado un blanco perfecto en mi concentración. Él esperaba que protegiera al castillo, pero yo me reí también y le lanzé un puñado de niev… digo, nube…. bueno, no importa. Igual no conozco la diferencia. No es usual que alguien comparta sueños así en la red, y menos gratis. Tres días después el vidente apareció en las noticias: Fué encontrado con el cráneo abierto en una habitación miserable del interior de la ciudad.

Tomaron sus implantes neuronales. La bóveda celeste fué abierta con un martillo oxidado, el firmamento se resquebrajó mientras le arrancaban las estrellas. Lo encontraron con la cabeza entre dos ladrillos. El titular en las noticias lo anunció como otro adicto a las visiones compartidas, pero su ubicación coincidía con las coordenadas que yo había trazado. Si yo pude hacerlo obviamente el mercado negro también. Conservo el código de la visión, pero no puedo reconstruir el paraíso. Falta la gente, y más importante aún, no soy creyente. Los ángeles no aparecen, no hay nubes. No puedo dejar de pensar que bajó por segunda vez del cielo, otra vez lo crucificamos.